Copia de un texto que rescaté y ando buscando al autor

Sé que a muchos de mis amigos y seguidores les ha dado curiosidad por conocer a más detalle los inicios de mi carrera en los comics. Aquí está la carta que recibí de Antonio Hernández Hernández, entonces Editor de Revistas Extranjeras de la Organización Editorial Novaro. 

¡Pero la carta tiene fecha de febrero! ¿Por qué la comparto hasta ahora en marzo? Bueno, porque para estas fechas, hace cuarenta años culminó una serie de acontecimientos que eventualmente llevaron a crear una nueva faceta de los comics de servicios en México.

Voy a tratar de recrear la bitácora de eventos, con el calendario de 1983 a la mano, y como ya han pasado tantos años, hay margen de error.

Entonces Batman Avestruz salía a la venta cada otro jueves. Ahí se intercalaban publicaciones, un número de Batman (DC) y otro de The Flash.

3 de febrero de 1983: Salió a la venta el número más reciente de Batman Avestruz en la Ciudad de México, mismo que le correspondió a Flash, mi personaje favorito. Fui a comprarlo con la esperanza de que tuviera la letra chica (9 puntos o regla de 60), pero para mi desesperación tuvo la letra grande (11 puntos o regla IBM). Algo que según yo ya no debía pasar, pero que aún se repetía con demasiada frecuencia.

Ante mi enojo y frustración decidí mandar una carta dirigida a Antonio Hernández, en las oficinas de Editorial Novaro. En los días siguientes redacté la carta con mucho cuidado, puse varios ejemplos de textos de diversas viñetas publicadas de todos los títulos de DC de entonces, Batman (y usé ejemplos de esa edición de Flash que me llevó a escribir), Superman, Supercomic y Marvila. Los ejemplos eran tomados de comics que también tenía en inglés, así que fotocopié las páginas pertinentes de DC, y debajo de las viñetas recortadas puse dos textos en español, el demasiado condenado que ellos usaron, y cómo, según yo, debió haber sido.

Lo felicité porque Hulk, Riqui Ricón y Gasparín siempre estaban bien traducidos (9 puntos) y también todos los de Archie (Archi, Torombolo, Travesuras A Go-Go y muchos de Chiquilladas [El Pequeño Archi]), y Walt Disney (Cuentos, Historietas y Variedades de Walt Disney), pese a los once puntos.

Dejé descansar la carta un par de días.

7 de febrero de 1983: Revisé la carta y ya satisfecho, la puse en un sobre con el siguiente destino, con fecha del día siguiente, porque hasta entonces la iba a mandar:

  Atención Sr. Antonio Hernández Hernández 
  Organización Editorial Novaro, S.A.
  Calle 5, Nº 12
  Naucalpan de Juárez 
  Estado de México 

Estoy seguro de que fue una inspiración divina mandarla directamente a las oficinas, y no al apartado postal.

8 de febrero de 1983: Deposité la carta en el buzón, con el franqueo postal correcto y la esperanza de que pudiera ayudar a que se resolviera el problema.

15 de febrero de 1983: En el terreno especulativo, en esta fecha se debió recibir la carta en Novaro. Ante la relativamente poca correspondencia que recibían, y ninguna de los fans, ese mismo día llegó a manos de Toño Hernández, quien debió leerla con mucha atención. Ante la impresión tan grata que le causó decidió tener una junta con los empleados de planta del departamento editorial, o sea, cuatro proof readers y dos ayudantes. Todos estuvieron de acuerdo en mandar una respuesta y una invitación para formar parte del equipo de traductores free lance.

16 de febrero de 1983: De vuelta a la realidad, Toño redactó la carta y una vez mecanografiada, la firmó, se colocó en el sobre también membretado con los datos de Novaro, y la mandó a recepción, para enviarla por correo. 

 1º de marzo de 1983: Recibí la carta de Novaro en mi casa. Como ya habían pasado tres semanas desde que mandé la mía, ya empezaba a pensar con tristeza que me habían ignorado… ¡Qué sorpresa tan grande y feliz recibí! Mi papá llegaba del trabajo alrededor de las 21:00 hrs., así que decidí esperarlo para mostrarla a toda mi familia al mismo tiempo, mientras yo la releía una y otra y otra vez. Mi familia me felicitó y me animó a que llamara por teléfono a la editorial lo antes posible. Esa noche no pude dormir de la emoción y los nervios.

2 de marzo de 1983: Poco después del mediodía, tras regresar de la Universidad Intercontinental donde cursaba el segundo semestre de la carrera de Ciencias de la Comunicación, y con un nerviosismo indescriptible, tomé valor y marqué el número y la extensión de Toño Hernández (veinticuatro años después en julio del 2007, en Mamaroneck, New York, tuve una junta con los directivos editoriales de Archie Comics, Michael Silberkleit, Victor Gorelick y Mike Pellerito, ahí me acordé de cómo me sentí cuando hice esta llamada a Novaro, y eso me ayudó a comportarme con soltura y seguridad para decidir los pormenores para la creación de Toño) Cuando me identifiqué, Toño Hernández se portó muy amable conmigo y acordamos una cita para el día siguiente, sin hora específica. Pasé otra noche sin poder dormir.

3 de marzo de 1983: De la Universidad me fui al Metro Tasqueña de la línea azul. Entonces no existían las estaciones Panteones ni Cuatro Caminos, así que me bajé al final de la línea, en Tacuba, y en ese mar de gente pregunté y tomé un transporte que me dejó a media cuadra de la entrada principal, efectivamente en la Calle 5, Nº 12, aunque toda la cuadra pertenecía a Novaro, pues eran oficinas administrativas, editoriales y de producción, para revistas extranjeras, nacionales, México Desconocido y al menos dos departamentos de libros; talleres de fotomecánica y las enormes imprentas que ocupaban mucho espacio. Además de una gran área para los camiones de distribución. 

Toño Hernández me recibió amablemente y surgió una simpatía mutua inmediata. Tras una breve entrevista, pues él ya tenía su decisión tomada, solo le hacía falta confirmarla, me entregó el primer DC que tenía en su lista, me explicó que normalmente para la primera traducción daba algo más sencillo, como Archie o Walt Disney, pero a mí me iba a confiar ese Superman (Avestruz 139, que resultó ser el último de la Serie Avestruz), pues se notaba que conocía bien a los personajes y que les tenía mucho cariño. Así llegó a mis manos Justice League of America 180, y de complemento una historia de Mr. & Mrs. Superman que salió en un número de Superman Family. 25 páginas en total, y me dio dos semanas para entregar el trabajo terminado.

Me mandó con Marisela, una de las Proof Readers quien me enseñó a usar las reglas (de 60… ¡Así que iba a ser la letra chica! garantía de que sería una buena traducción, y así fue aunque me costó mucho trabajo terminé a tiempo y descubrí un talento natural en mí). Marisela también me dio un instructivo, ejemplos y un diccionario tabú donde quedaba claro que no se podían usar palabras como jitomate, plátano, cacahuate, híjole, playera y muchas más.

17 de marzo de 1983: Entregué mi primera traducción y mi primer recibo de honorarios… ¡Oficialmente ya era un profesional de los comics!

1º de abril de 1983: ¡Recibí mi primer cheque por un trabajo profesional en Novaro y en los comics!

Hasta entonces cuando leía algo que yo había escrito me daba pena porque no me terminaba de gustar o convencer, así que tenía miedo de que cuando viera y leyera mi primer impreso me iba a decepcionar, pero…

Segunda quincena de junio de 1983: Recibí el impreso de Superman Avestruz 139, en las oficinas de Novaro. Y cuando lo leí tuve por primera vez una sensación que hasta entonces no imaginaba que existía… ¡algo que ninguna droga u otra sustancia artificial puede duplicar ni remotamente, el high es permanente y solo basta recordarla o releer o ver algo mío para volverla a sentir! Y se repite con cada impreso que veo, cada vez que me veo en pantalla y llega al éxtasis cuando veo mi crédito junto al de los creativos americanos. En otras palabras… ¡Me encantó y quería que se repitiera miles de veces, como así ha sido!

Pronto llegaron las exclusivas de El Correcaminos, Jonah Hex y Batman, y la promesa de que yo iba a sustituir a Toño Hernández como Editor de Revistas Extranjeras cuando terminara mi carrera. Pero Novaro acabó antes, aunque eso no me impidió ser editor en Novedades, Vid y Editoposter. Y por cierto, más adelante en ese año de 1983 salió el último DC de Novaro con letra de once puntos, para nunca más volver.

Así que ya ven, acabo de cumplir cuarenta años como profesional de los comics. Etapa en la que también me he desarrollado profesionalmente como actor, locutor, conferencista. Y todo gracias a ustedes, los lectores. 

Por favor, hagan llegar este escrito (y la carta)a todos los que conozcan que les gustan los comics, para que vean que los sueños sí se pueden hacer realidad.

 

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