¿Quién sabe? o ¿cómo saber quién SÍ sabe?

by Ernesto Elizalde Castillo

A lo largo de diferentísimas discusiones, me encuentro conque de forma recurrente, mis interlocutores se plantean a sí mismos como las únicas personas del planeta (ellos mismos y quienes ellos determinen) cómo los únicos que poseen la verdad absoluta, a veces respecto de un aspecto, a veces de todos. Llegando a puntos donde plantean que NADIE, fuera de ellos mismos pueden acceder a la verdad, a la neta del conocimiento.

Lo interesante del asunto es que me encuentro con escenarios muy divergentes en cada caso. Me he topado con interlocutores que no tienen carrera, ni diplomas, ni educación formal o menos de un libro al año de lectura y, sin embargo, alegan estar perfectamente informados de prácticamente todo asunto académico. La forma de descalificación recurrente en este grupo de personas son del tipo: "leer, no necesariamente te da conocimiento", "muchos datos no significan información", "hasta el más humilde campesino puede llegar a ser más sabio que el más ilustre científico" y otros tantos por el estilo, y añadiría ¡tienen razón en estos argumentos! Y sin embargo, sigo quedándome con la sensación de que lo que en realidad pulula en sus argumentaciones, es ignorancia y, por supuesto, nada de sabiduría. Habría que ver cada caso, me instan mis amigos.

También me encuentro con interlocutores, con amplia formación académica, gente con doctorados, médicos, filósofos, ingenieros y profesionales de otras áreas que, casi en automático, plantean que todos los demás son más bien una partida de idiotas que no logran entender la "realidad" de las cosas mientras no hayan pasado por los procesos que ellos ya pasaron.

Ingenieros civiles que asumen que sólo su profesión es la que está moviendo al mundo (y algo hay de cierto en ello), informáticos que plantean que nadie puede construir nada de conocimiento si no es a través del correcto manejo de la información (muy plausible), pero llegando a niveles donde definen que un ingeniero está perdiendo su tiempo si no ha cursado la licenciatura de informática previamente.

Los físicos alegan "¡que el mundo nos libre de los ingenieros!", “¡ellos no saben!” (exactamente igual que lo plantea Sheldon a Wolowitz en la serie The Big Bang Theory). Para estos profesionales de la ciencia, los ingenieros son algo ligeramente por encima de un albañil.

Los filósofos, ¡Ay los filósofos!, sobretodo los marxistas, algunos, estiman que cualquiera que no haya aplicado el materialismo dialéctico en la construcción de su conocimiento, simplemente no tiene ni idea de qué está hablando (y hay argumentos muy plausibles en ello), pero llegando al grado de decir que es este método dialéctico, la única y exclusiva forma de obtención del conocimiento real, ninguna más, al grado de dejarme la idea de que un odontólogo debe estar jugando con mis dientes si no hizo su justificación teórica previamente.

Maestros en ciencias versados en la mecánica cuántica que plantean que tu puedes haber resuelto todos los problemas de los libros de física y, aún así, no tendrás ni idea de lo que es la física. Yo hubiese planteado algo más parecido a "afortunadamente la física es más profunda que sólo problemas del libro” o “todavía hay más conocimiento en el mundo de la experimentación”. Pero esta soberbia profesional de que nadie que no tenga la maestría en el área sea incapaz de comprender nada del tema, me larece sobreseído.

Los médicos desacreditando cualquier opinión que no venga de otro médico con una especialidad más elevada del que emite (a veces), dejando nulo margen de opinión al paciente.

Una ocasión acudí al dentista por una infección molar y el dentista me recetó un antibiótico cuya marca no mencionaré. Como el dolor no bajaba, en aquella época, en la que no había que tener receta para conseguir antibióticos, compré como cuatro veces más dosis, que estuve tomando cerca de un mes, ya que el doctor me había dicho que “hasta que bajase el dolor”. Mi madre, enfermera, cuando se dió cuenta de que ya llevaba yo más de un mes con el antibiótico, lo cambió a uno de espectro más amplio y, al día siguiente, bajó el dolor. acudí entonces nuevamente al dentista y él se vanaglorió a sí mismo por el resultado, a lo cual le indiqué que no había sido por el antibiótico que él recetó, sino por el que me dió mi madre. Aprovechando que ella estaba en la sala de espera, la mandó llamar para regañarla por estar medicando sin conocimiento. Por alguna extraña razón, esta vez mi madre no se le fue a la yugular al doctor. El dentista me indicó que, ya que había equivocado mi madre todo, emitió una nueva receta con grupos de dosis muy raras. De las pocas veces en mi vida, mi madre no se quejó de la actitud del doctor, pero, en cuanto llegamos a la casa, sacó dos libros, sumamente gruesos, uno referente a especialidades médicas y otro el Manual Merck. Me mostró con calma el tema referente a las infecciones molares y ahí se indicaba el tratamiento, indicando el componente activo que se requiere y, con el Manual Merck, me mostró cuáles eran los medicamentos comerciales que contenían dicho activo, así como la posología para su correcta administración, tomando en cuenta cosas como el peso y la edad que me correspondía, haciéndome ver que lo que ella había planteado era perfectamente correcto, mientras que lo que dijo el dentista, se lo sacó de la manga. Esto es, juzgué mal a mi madre, pensando que había que confiar a ciegas en el profesional.

Vemos también a políticos descalificando a toda una nación, arguyendo que ellos, y sólo ellos, son los capacitados para la toma de decisiones, incluso aquellas sobre técnicas especializadas, llevándonos a idioteces como eliminar la opinión de ingenieros, inundar por "accidente" al estado de Tabasco, comprar “ouijas” para detectar droga o querer eliminar licenciaturas clave en las universidades. Como nota, el presente artículo, lo escribí originalmente en el 2009.

Tengo un muy buen amigo que, en mi opinión, murió por la incompetencia de médicos supuestamente muy profesionales y, de paso, muy bien pagados. Dado que es más importante la generación de ganancias (por lo pronto en sistemas neoliberales), que la rápida recuperación del paciente, de forma que entraron los especialistas en la dinámica de hacerle operaciones sin ton ni son, aprovechando que el seguro médico cubría todo y, sólo hasta después de haberlo masacrado en toda la caja torácica, se dieron cuenta de que, desde el principio, se trataba de un cáncer de páncreas. Cualquier médico del IMSS hubiese encargado desde el principio descartar este problema, antes de avanzar a cualquier otra cosa, pero, la publicidad se ha encargado de desprestigiar a estos médicos públicos (muy honorables para mi la mayoría de ellos) y, dado que no soy médico de profesión, se me descalifica rápidamente por emitir esta idea, así como se descalifica a priori a estos profesionales por el desprestigio emitido quién sabe de dónde (aunque tengo una idea de ello).

Es aquí donde empieza a tener importancia nuestra propia opinión y, sobretodo, tenerla fundamentada.

Si llegamos con un médico cuya inmediata postura fuese internarnos inmediatamente para extirparnos un riñón, por ejemplo, de manera mínima querríamos tener una segunda revisión médica (es curioso, el concepto de "opinión" implica que no debemos tener necesariamente fundamentado lo que decimos, es algo al aire pues, así que cabría preguntarse si la de un doctor es en realidad una opinión); pero también es altamente probable que, con su "erudición", busque convencernos de la inmediatez y eliminar nuestro parecer al respecto ¿Cómo sabemos que no se trata de un traficante de órganos? ¿Conocemos la legislación respectiva para exigir nuestros derechos y las obligaciones del médico? ¿Podremos hacer una evaluación objetiva de nuestro propio estado como para determinar la urgencia de una operación? ¿Cómo se que no está el doctor tratando de pagar su auto de contado y mi riñón es el medio para ello? Pero, aún cuando consigamos esa segunda opinión, ¿han visto a dos profesionales, con la misma especialidad, con los mismos sueldos y supuestamente mismos objetivos, intentando ponerse de acuerdo? Yo no se ustedes, pero llevo varias situaciones así y regularmente unos, descalifican a los otros. ¿Cómo saber cuál de los dos tiene la razón?

Tenemos que informarnos tanto como podamos, de la medicina por ejemplo, para poder tomar mejores decisiones aunque el experto nos descalifique.

Fue así que detecté en su momento un fraude que nos quería hacer un doctor respecto de la salud de mi hija. Este planteó un escenario fatídico donde mi hija moriría en cualquier momento si no le inyectábamos con urgencia albúmina para que su cuerpo pudiese recuperarse y, casualmente dichas inyecciones costaban unos 7,000 pesos. Postergué mi decisión y determiné lo siguiente después de haber hecho mi tarea: Dado que mi hija puede correr y no se queja de ningún dolor de nada, sin fiebre, ni ningún signo visible, por tanto el asunto no parece grave. Así que determino: No hay urgencia. Reviso (en internet) qué demonios es la albúmina y me encuentro conque es una proteína que se encuentra mayoritariamente en el huevo; esto es, lo único que había que hacer en mi parecer, para compensar la falta de albúmina, era darle huevo con cierta regularidad. Dicha proteína no estaba siendo filtrada por el riñón de acuerdo a lo que decían los análisis de laboratorio y, revisando, estos mismos análisis declaraban la presencia de la bacteria escherichia coli. Reviso el tratamiento para combatir esta bacteria y, casualmente se combate con el medicamento que ya había sido recetado previamente a mi hija (después de los análisis). En el texto sobre esta bacteria, precisa que, uno de los síntomas, es que distiende las fibras del riñón y por tanto, no hará este un correcto filtrado. Era por ello que se encontraba baja de albúmina. Así pues, determiné que dichas inyecciones no eran necesarias y que el doctor sólo buscaba hacerse de un dinero extra. La descalificación de la madre de mi hija no se hizo esperar: “¡Tu no eres doctor!” gritaba y terminó consiguiendo el dinero por otro lado para darle dichas inyecciones. Con todo, estoy convencido de haber tomado una decisión correcta, aún cuando me siguen lloviendo descalificaciones al respecto.

En su momento, observé sendas discusiones entre tres expertos en matemáticas de Nivel Medio Superior, donde se descalificaban ampliamente uno al otro por los métodos arcaicos que usaba uno u otro, sin llegar a acuerdos respecto de cuál es el método más sensato para enseñar álgebra. Sabiendo yo de álgebra (aunque tenga a detractores que digan que no es cierto que yo sepa esta materia, aún cuando mis alumnos aprueben sus exámenes), observaba todas las propuestas y, todas, tenían aportaciones muy interesantes, alguna más geométrica, otra más práctica, otra muy procedimental, pero todas me parecían excelente material para enseñar. Sin embargo el material no salió puesto que cada uno hablaba pestes del método de los otros dos y nunca se pudieron poner de acuerdo.

Esta práctica, la de descalificar, es incluso una crítica recurrente que hago a gente que promociona su propia religión. Entre los mismos grupos cristianos, cada grupo se encuentra convencido de que todos los demás irán al infierno por estar “malinterpretando la Escritura”; esto es, no logran ponerse de acuerdo entre sí, usando un mismo libro y el mismo concepto de dios, y además, cada uno asegura tener la verdad absoluta por encima de los demás.

Un divulgador científico, a quien tengo en mucha estima, considera que la gente no debería emitir su opinión a menos que haya pasado por el riguroso método de la ciencia. Pero, nos encontramos conque es increíblemente recurrente que unos científicos descalifiquen a otros. Pareciera que uno debe estar muerto para que exista cierto respeto a la opinión propia.

De ahí la importancia de leer, escuchar atentamente, acercarse a la divulgación científica y, en lo posible cuestionarnos si lo que nosotros sabemos es real. Revisar la evidencia y los datos duros y dejar de engañarnos pensando que ya nos las sabemos todas. Dudar una y otra vez de lo que pensamos que sabemos, nos acercará más a un mejor discernimiento de quién sabe y quién no sabe.

Yo soy de los que piensa que la gran mayoría de gente vive engañada en su vida cotidiana. Que muchos son víctimas de la charlatanería o, incluso, generadores de esta, a veces sabiéndolo y a veces no. Quisiera cotejar datos con cada persona que puedo en la expectativa de que conjuntamente encontremos la verdad (lo que sea que esto signifique) de la situación. Pero me he rendido pues la gran mayoría de los adultos ya tienen una idea tan fija, que parece imposible moverla hacia nuevos estadios. Así pues, sigo persistente en intentar aprender por mi cuenta (aunque tengo todo un grupo de gente que asegura que es imposible que yo alcance nuevos niveles de conocimiento) y, pese a quien le pese, seguiré opinando y expresando lo que pienso, a veces deliberadamente mal para ver si alguien me corrige y seguiré leyendo tanto como pueda para estar “un poquito” más informado cada día.

Un saludo a todos.

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